miércoles, 11 de septiembre de 2013
Que no estás.
Sus manos encajaban con las mías casi a la perfección. Mi piel ya conocía la sensación de frío que sentía cuando sus pies helados me tocaban en una larga noche de diciembre. Y te fuiste. Sin ni si quiera darme una explicación cuerda, aunque no me extraña, nunca salía nada coherente por tu perfecta boca. Sin decirme como me explicaba yo misma que lo que siento debajo de las costillas que me deja sin respiración, se llama ausencia y lleva tu nombre tatuado. Que ya no espero nada, pero es que a mi me gustaba que fueras tú la persona que juntaba los días con las noches, la que me abrazaba por la espalda dejándome sentir su calor... que hoy no estás,pero no te preocupes, yo nunca me canso de escribir(te).
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